Guardianes de Yalithay Bello

Desde que el hombre tiene memoria ha intentado definir el tiempo. Algunos desde un punto de vista filosófico, otros desde un punto de vista práctico. Pero no fue sino hasta que el famoso Kimrston descubrió el “flujo interdependiente del tiempo” por allá cerca del año 2.500 que todo lo que el ser humano había conocido hasta ahora cambio, y no necesariamente para mejor.

En aquel entonces yo era solo un estudiante de física más, recuerdo que tuve la oportunidad de asistir a la conferencia de prensa donde se anunció la puesta en marcha de la primera nave de trasladación para el flujo interdependiente del tiempo.

Era una maquina tosca, similar a un ascensor, rodeado de un gran aparataje maquinas pantallas y botones, con solo una pequeña lamina de vidrio cuádruple similar al usado en los submarinos de observación profunda lo cual dejaba a los viajeros viendo todo sumamente distorsionado.

Los primeros viajes fueron experimentales y algo traumáticos, tanto que uno de los viajeros al sacar una mano para tomar una muestra de suelo prehistórico vio cómo su mano era desintegrada automáticamente en átomos y dejando cauterizada la herida instantáneamente. Luego fueron con unos trajes similares a los trajes espaciales, obteniendo un resultado similar. Por lo que se entendió que los viajes serian meramente de observación.

De eso ya hace varios años y poco a poco los viajes se han ido dejando de lado puesto que dicen haber descubierto ya todas las incógnitas del pasado: como se construyeron las pirámides, de qué color era la piel de los dinosaurios (si, aunque usted no lo crea solo viajaron para ver eso), la tumba de los últimos faraones, la caída de Mesopotamia, y si existió o no la Antártida (respuesta que no les daré en este momento pues, aunque no lo crean no es esto lo más importante).

Los viajes en el tiempo tenían serias complicaciones derivadas por supuesto de la muy tosca máquina que crearon para navegar en el flujo interdependiente del tiempo. Por eso cuando mi mejor amigo Michael, su hermana y mi hermanito me convencieron para mejorar la fórmula de Kimrston lo tome más como un juego de fin de semana.

Jamás nos habríamos imaginado que realmente lograríamos no solo mejorar la nave de viaje, sino que logramos difuminar principal ley hasta entonces establecidas: no tocar.

Cindy la hermana de Michael era biotecnóloga, por lo que desarrollo una especie de sobre piel programable, por lo que mis cálculos y los de mi hermano pudieron ser fusionados con el traje permitiéndonos ser nosotros mismos la máquina del tiempo.

Fue así como todo comenzó, al principio solo fuimos a lugares que ya conocíamos. Como la escuela donde nos graduamos de secundaria o la fiesta de cumpleaños de alguno de nosotros. Pero siempre hubo una regla que jamás rompimos. No cambiar nada. Para asegurarnos de que esto no ocurriese creamos una máquina que monitoreaba el flujo descubierto por Kimrston lo que nos permitía hacer pequeñas travesuras como cambiar los objetos de lugar acortarle algún mechón de pelo a la vecina molesta que nos hizo llorar de niños y confirmar si algo en ese flujo cambiaba.

Todo iba bien Hasta que mi querido y lindo hermanito se enamoró, y todo cambió. Su novia una linda pelirroja nada inteligente, estaba empeñada en que no merecía perder el concurso de belleza por haber llegado un poco tarde al certamen (una hora tarde). Así que mi muy enamorado hermanito le contó sobre nuestros viajes en el tiempo, con lo que la niña viajo dejando escrita una inocente nota en su espejo (algo nada sutil con pintura de labios) donde se decía a si misma que tomase otra ruta para llegar al concurso.

Mientras los tres mayores al laboratorio estábamos intentando devanearnos los sesos para determinar el punto en el que habíamos cambiado algo más trascendental de lo que debimos, mi hermanito vivía lo que sería el peor momento de su vida.

—Candy, no debiste dejar esa nota, me habías dicho que solo querías saber que habías hecho mal, me engañaste-— Dijo Ricky mientras se desabrochaba las botas ya sentado en su cama. Mientras Candy estaba extrañamente quieta en el traje en el mismo, por lo que el pensando que la había ofendido se acercó a ella luego de quitarse el traje de medio cuerpo, dejándolo colgar de su cintura como si se tratase de una vulgar braga de mecánico y no un complicado artilugio biomecánico.

—¿Qué tienes Candy? No te molestes cielo, no era mi intención reclamarte, pero algo malo podría pasar como consecuencia de eso que hiciste—pero el incauto de verdad no había calculado los diversos matices que tendría esa nota en el espejo.

Al “ayudar” a Candy a retirarse el casco visor solo el vacío ello dentro del mismo la pelirroja melena de Candy ya no estaba, y poco a poco el traje cayó vacío al piso liberando una polvareda de lo que posteriormente denominaríamos cenizas atómicas. Candy ya no estaba, nosotros seguíamos sin poderlo localizar, hasta que muy borracho me llamo desde un punto en el Ávila que no sabíamos ubicar exactamente.

—¿Dónde estás? —Fue lo primero que atine a decirle apenas conteste la llamada

—ella ya no está— contesto entre hipido e hipido.

—¿de qué hablas Ricky?

—de Candy, Candy ya no esta

—está bien hermano ya lo solucionaremos, dime donde estas para poder buscarte— le dije notando la mezcla de alcohol y lágrimas que siempre es fatal en los frikis como nosotros

—No comprendes soy el culpable, conocía los riesgos, y aun así lo hice.

—¿qué hiciste? —pregunte dándole largas a que Michel rastrease la señal del teléfono.

—yo la lleve al pasado y por eso ya no está, no existe más. Solo te llamo para decirte que te quiero y que fuiste el mejor hermano mayor que jamás habría deseado tener

—¡no te muevas Ricky!—dije apenas vi la señal de confirmación de Michel, él sabe lo importante que es para mí mi hermano, desde la muerte de nuestros padres cuando el apenas tenía 12 años y yo 17 nos habíamos vuelto inseparables.

Así que me puse el traje, puesto que habíamos jugado con la posibilidad de modificar las coordenadas del espacio dejando solo ligeramente modificadas las del tiempo. Michael y Cindy no estaban de acuerdo ambos temían por mi seguridad, algo le había hecho Candy al flujo del tiempo y viajar no era nada seguro, pero mi hermano bien valía el riesgo, no podía dejar que hiciera una tontería.

Efectivamente llegue con mi hermano que borracho como una cuba devolvía el almuerzo, un periódico de la semana pasada describía como la concursante favorita al Señorita Caracas había muerto en un accidente de coche mientras conducía al certamen. Inmediatamente comprendí todo así que converse con él y tome la decisión que creo cambio el rumbo de nuestras vidas. Lo lleve a casa y lo deje acostado con una nota escrita en su antebrazo.

La conversación con mi hermano me dejo claro una cosa no estábamos listos para los viajes en el tiempo. Era solo cuestión de nada para que mejorasen las máquinas de Kimrston, si mis amigos y yo lo hicimos en un sencillo desván, que no lograrían las grandes corporaciones con fondos regrese a mi flujo de tiempo. Que Michel Cindy y yo llamaríamos línea 0, y tomamos un a decisión.

Regresamos al día en el que se le mostro al mundo la existencia del flujo temporal, saboteamos a propósito la máquina y destruimos la posibilidad de crear los viajes en el tiempo. Sabíamos las consecuencias, los tres conocíamos los riesgos. Así que no fue nada extraño cuando nuestros trajes comenzaron a desaparecer lentamente de nuestros cuerpos, por lo que los tomé a los dos de la mano y les sonreí. No por que supiese que pasaría, sino porque les agradecía el apoyo inmenso que habían sido en mi vida.

Pero el tiempo tiene una extraña manera de resolver sus conflictos. Cuando ya habíamos aceptado desaparecer en átomos sin dejar rastro alguno de nuestra existencia. Aparecimos en una enorme sala blanca y circular, fue algo tan rápido como un parpadeo. Y un hombre de casi dos metros de altura, la piel oscura como el alabastro y la voz fuerte como un trueno.

—Señor porque se tardó tanto, casi no lo logran— ¿Ricky? al oír la voz de mi hermano sentí que el corazón se me salto varios latidos.

—tenía que asegurarme que harían lo correcto— contesto indolente el grandulón.

—ya sabias que lo harían solo querías torturarme— respondió mi hermano —Bueno, pero ya están aquí y es lo que importa. —escuchar su voz fue como un bálsamo para una herida que no sabía que tenía, así que simplemente corrí a abrazarlo como si de un salvavidas se tratase.

—Que… que... ¿Qué paso?

—“Sigue adelante” ¿recuerdas? — dijo mi hermano en un susurro, mostrándome un tatuaje con esa frase en donde yo le había dejado la nota

—Pasó, que ustedes son un cuarteto de niños irresponsables que juegan con cosas que no comprenden. Creando caos a su paso—trono el hombretón de dos metros.

—Calma brabucón, ya hablare yo con ellos. Chicos les presento a cronos, él es el encargado de que nuestra travesura no afecte la vida de los demás. Por eso los trajo para acá. Ahora pasaremos a formar parte de la guardia del tiempo para corregir todas las desviaciones que causamos en el flujo interdependiente del tiempo. No creerían que éramos los únicos que habíamos jugado con la línea del tiempo—y en un susurro añadió— hay personas que incluso lo hacen de manera natural sin necesidad de máquinas o artilugios.

Y después de decirnos esto, un gran trozo de pared curva se disolvió dejando a la vista una maravillosa ciudad, llena de rascacielos, autos voladores, y más allá dos grandes soles en un muy extraño atardecer.

—Bienvenidos al planeta tempo pequeños guardianes.—Trono la voz de cronos el primer guardián del tiempo.

Yalithay Bello

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